Escenas de cuarentena (I)

Durante estos días en casa, he estado preparando un ‘proyecto fotográfico’ que plasme las escenas cotidianas que hemos estado viviendo estos días en casa. Aquí os dejo la primera parte.

Foto 1: Aula virtual

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Foto 2: Teletrabajo

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Foto 3: Tareas del hogar

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Foto 4: Competencia digital

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Foto 5: Consola vintage

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Foto 6: Aseo personal

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Foto 7: Netflix

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Foto 8: Papel higiénico

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Adicta

Una secuencia perfectamente ordenada de zapatos descansaba plácidamente sobre el suelo de su habitación. Le había llevado horas sacarlos de sus cajas y armarios. Nuria podía usar unos zapatos cada día durante tres meses sin repetir par. Aún así, los observaba cual tesoro y pensaba cuál sería el siguiente par en adquirir. Recibía constantes críticas por tener una colección excesivamente cara, pero ella hacía oídos sordos a tales comentarios. Había discutido en innumerables ocasiones sobre ese afán de gastar la mitad de su sueldo en zapatos. ‘Tú sales a cenar cada fin de semana, yo visto mis pies’. Esa era una de las respuestas que daba hasta que finalmente se cansó. El silencio y la sonrisa le hacían más feliz que sumergirse en discusiones estúpidas que no llevaban a ningún lugar. Nadie la entendía, pero eso a Nuria le preocupaba cada vez menos. 

Esa tarde decidió que debía poner un poco de orden. El cambio de estación estaba a la vuelta de la esquina y se había propuesto reorganizar su zapatero. Era minuciosa. Demasiado para su gusto. Pero ese defecto ya formaba parte de su vida y le acompañará hasta el fin de sus días. Colocó botas y botines en el estante inferior, dejando espacio en las baldas del centro para las sandalias y cuñas, más a mano, para llevar durante el verano que estaba a la vuelta de la esquina. Tacones de todas las alturas, diseños muy cuidados de un sinfín de marcas y diseñadores más que conocidos. Todos ellos fueron colocados de forma cuidadosa en cada uno de los estantes del zapatero. 

Cuando hubo terminado, Nuria dio un par de pasos atrás para coger una amplia perspectiva que le permitiera observar su creación de forma óptima. No quería perderse nada. Cada detalle fue tratado de forma especial. Y allí, a la derecha de los Jimmy Choo, en el tercer estante, colocaría su próxima adquisición. Unos Manolos rosa empolvado de un tacón de 7 cm que había echado el ojo un par de semanas atrás. 

Volvería a recibir críticas, pero eso a Nuria, le resbalaría sobre el charol de sus nuevos Manolos.