Espacios de trabajo

Espacios caóticos. Extremadamente limpios y pulcros. Espacios llenos de enseres necesarios y camuflados entre elementos inservibles. Espacios ordenados, vacíos de objetos y listos para llenar de emociones. Espacios desastrosamente estructurados, paredes cubiertas de recuerdos bajo nuestra atenta mirada. Espacios lisos y llenos de luz que provocan destellos que chocan contra nuestras ideas.

¿Cómo es tu lugar de trabajo? Virginia Wolf dijo que debíamos tener una habitación propia. Pues bien, yo no la tengo. Si me dejan trabajo/escribo en el salón. Si no, me voy a mi habitación en la cual valoro la soledad y el silencio pero dejo mi espalda hecha pedazos porque no dispongo del espacio suficiente para tener una mesa decente. Así que, mi única opción es tumbarme sobre la cama, dejar que mi imaginación y mis manos fluyan mientras mi espalda pide clemencia y un masaje urgente. Algún día espero disponer de un espacio, aunque sea reducido, en el que poder escribir sin mendigar silencio y comodidad a partes iguales.

¿Quién soy yo?

Revisando los posts del blog me he dado cuenta que nunca he escrito nada sobre mi. Soy bastante reacia a hacerlo, la verdad. Soy muy tímida y padezco el un síndrome del impostor que a estas altura parece incurable.

La página «ME» de este blog es bastante mediocre y uno de los propósitos de este año es poder mejorarla considerablemente. Mientras lo hago, os voy a contar algunas cosas sobre mi para que al menos sepáis quién se encuentra al otro lado de este blog.

Soy Mireia y, aunque el blog esté enfocado principalmente a temas literarios, soy Ingeniera Informática. Estudié en la Universidad Politécnica de Valencia y, aunque el primer año fue desastroso, me saqué la carrera con una media bastante buena. He trabajado en varias empresas desarrollando software para diferentes sectores, desde el sanitario, financiero hasta educación.

En 2018 decidí dejarlo para dedicarme a una de mis pasiones, la educación. Ahora mismo soy profesora de secundaria en centros de Valencia. Doy clase de informática tanto en ESO, Bachillerato como Ciclos Formativos.

Desde muy pequeña me ha gustado leer y escribir. Me encantaba inventarme historias. A los 8 años escribí un pequeño cuento que ilustré yo misma y cuando llegó el ordenador a casa pasaba horas creando historias. He tenido varios blogs, los cuales siempre empezaba con muchas ganas pero iba abandonando con el paso del tiempo.

Empecé con «El cine y yo» donde escribía reseñas de las películas que veía. «La chica del millón de dólares» que era un popurrí de cosas que tenía en mente. «La princesa de las nieves» fue el único que conservé pues lo creé como diario de mi estancia en Helsinki. Ahí escribía periódicamente lo que me iba pasando y además subía fotos. También servía para que mi familia y amigos pudieran estar un poco más cerca de mi.

Si quitamos los blogs, apenas tengo nada escrito. En 2018 tuve un episodio muy doloroso en mi vida y la manera que encontré para evadirme y no pensar fueron los libros. Comencé a devorarlos consumiendo prácticamente todo mi tiempo. Y un día empecé a escribir de nuevo. Escribía poesías que me servían como terapia sanadora, pues parecía que, al soltar mis pensamientos, mis heridas se iban curando poco a poco. Me atreví a colgar algunas en mi cuenta de Instagram, cosa que nunca había hecho antes, y desde entonces no he dejado de escribir. Tanto poesías como relatos más cortos.

En 2020, durante el confinamiento, decidí rescatar este blog (que tenía abandonado) y le di una nueva vida. Además de colgar algunos de mis relatos y poemas, lo uso para otra de mis grandes aficiones, la fotografía.

Así que esto es lo que puedes encontrar aquí. Mis dos caras, la literaria y la fotográfica. Espero que te sientas como en casa.

Besos

Nos dimos

besos de paso.

De esos que emigran

al acabar la estación.

De esos que hibernan 

al llegar el calor.

Besos de pasión fugaz.

De esos que se van.

De los que no vuelven.

Pero quedan tatuados

a fuego en nuestras pieles.