¿Quién soy yo?

Revisando los posts del blog me he dado cuenta que nunca he escrito nada sobre mi. Soy bastante reacia a hacerlo, la verdad. Soy muy tímida y padezco el un síndrome del impostor que a estas altura parece incurable.

La página «ME» de este blog es bastante mediocre y uno de los propósitos de este año es poder mejorarla considerablemente. Mientras lo hago, os voy a contar algunas cosas sobre mi para que al menos sepáis quién se encuentra al otro lado de este blog.

Soy Mireia y, aunque el blog esté enfocado principalmente a temas literarios, soy Ingeniera Informática. Estudié en la Universidad Politécnica de Valencia y, aunque el primer año fue desastroso, me saqué la carrera con una media bastante buena. He trabajado en varias empresas desarrollando software para diferentes sectores, desde el sanitario, financiero hasta educación.

En 2018 decidí dejarlo para dedicarme a una de mis pasiones, la educación. Ahora mismo soy profesora de secundaria en centros de Valencia. Doy clase de informática tanto en ESO, Bachillerato como Ciclos Formativos.

Desde muy pequeña me ha gustado leer y escribir. Me encantaba inventarme historias. A los 8 años escribí un pequeño cuento que ilustré yo misma y cuando llegó el ordenador a casa pasaba horas creando historias. He tenido varios blogs, los cuales siempre empezaba con muchas ganas pero iba abandonando con el paso del tiempo.

Empecé con «El cine y yo» donde escribía reseñas de las películas que veía. «La chica del millón de dólares» que era un popurrí de cosas que tenía en mente. «La princesa de las nieves» fue el único que conservé pues lo creé como diario de mi estancia en Helsinki. Ahí escribía periódicamente lo que me iba pasando y además subía fotos. También servía para que mi familia y amigos pudieran estar un poco más cerca de mi.

Si quitamos los blogs, apenas tengo nada escrito. En 2018 tuve un episodio muy doloroso en mi vida y la manera que encontré para evadirme y no pensar fueron los libros. Comencé a devorarlos consumiendo prácticamente todo mi tiempo. Y un día empecé a escribir de nuevo. Escribía poesías que me servían como terapia sanadora, pues parecía que, al soltar mis pensamientos, mis heridas se iban curando poco a poco. Me atreví a colgar algunas en mi cuenta de Instagram, cosa que nunca había hecho antes, y desde entonces no he dejado de escribir. Tanto poesías como relatos más cortos.

En 2020, durante el confinamiento, decidí rescatar este blog (que tenía abandonado) y le di una nueva vida. Además de colgar algunos de mis relatos y poemas, lo uso para otra de mis grandes aficiones, la fotografía.

Así que esto es lo que puedes encontrar aquí. Mis dos caras, la literaria y la fotográfica. Espero que te sientas como en casa.

Besos

Nos dimos

besos de paso.

De esos que emigran

al acabar la estación.

De esos que hibernan 

al llegar el calor.

Besos de pasión fugaz.

De esos que se van.

De los que no vuelven.

Pero quedan tatuados

a fuego en nuestras pieles.

#NOFICCIÓN2021 -4- Cómo ser un estoico

En mi época de estudiante la asignatura de Filosofía no se me daba demasiado bien pero desde que vi la serie Merlí, mi inquietud sobre este tema comenzó a subir. El año pasado leí «El arte de pensar» de Jose Carlos Ruiz y «Elogio de la duda» de Victoria Camps. Disfruté muchísimo con ambos libros así que he ido comprando algunos relacionados con la ética y la filosofía y los tengo pendientes en mi Kindle.

Este mes, en mi reto de leer 10 libros de no ficción en 2021 he escogido «Como ser un estoico» de Massimo Pigliucci. Se centra en explicar cómo aplicar la filosofía estoica en nuestro día a día con ejemplos claros y reales. La filosofía estoica se basa principalmente en usar la razón para controlar hechos, cosas y pasiones y así alcanzar una vida mejor prescindiendo de cualquier bien material. Aunque el fundador de la escuela estoica fue Zenon de Citio, este libro hace referencia en prácticamente todos los capítulos al filósofo y escritor romano Epicteto, perteneciente al estoicismo nuevo o también llamado estoicismo romano.

«Como ser un estoico» está dividido en tres partes que corresponden a las tres disciplinas básicas del Estoicismo:

  1. Disciplina del Deseo (aceptación estoica) –> Qué es y qué no es adecuado desear.

2. Disciplina de la Acción (filantropía estoica) –> Cómo debemos comportarnos en el mundo.

3. Disciplina del Consentimiento (concienciación estoica) –> Cómo debemos reaccionar ante situaciones.

Aunque no es un texto largo (tiene algo más de 250 páginas), en ocasiones, para alguien no es experto en el tema, se hace algo pesado por sus referencias a otras escuelas filosóficas. Si bien es cierto, el autor utiliza un lenguaje claro y nada farragoso para mostrar ejemplos de la vida cotidiana que ayudan a aplicar y entender los puntos clave de estoicismo. Es por ello por lo que, desde mi punto de vista, este libro es una buena manera de iniciarse en este tema.

Acepto recomendaciones sobre filosofía. Puedes dejarme los títulos en comentarios. ¡Gracias!

Feliz día del libro

Si buscamos la definición de la palabra LIBRO en la RAE obtenemos los siguientes significados:

  1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.
  2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte.
  3. m. Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión.

Sin embargo, estas definiciones se quedan cortas para expresar lo que realmente es un libro. Un libro es un amigo. Con él puedes conversar sobre cualquier tema. Debatir sobre la política americana, sobre el mejor restaurante de Madrid o hablar sobre técnicas fotográficas. Puedes viajar, visitar otros lugares del mundo e incluso imaginarte como es la vida fuera de la Tierra. También puedes viajar en el tiempo, volver a una época soñada o fantasear sobre el futuro. Con un libro hoy puedes ser un detective que investiga sobre la muerte de un personaje famoso, puedes ser un asesino en serie, un pirata que surca los mares en busca de un tesoro, una librera que lucha por mantener a flote su negocio o una ingeniera informática que programa un algoritmo capaz de resolver problemas biológicos que mejoraran la vida de las personas. Con un libro puedes ser un artista que viaja por el mundo exponiendo sus pinturas por diferentes ciudad, puedes ser un profesor loco, un agente secreto, un escritor octogenario o una reportera de guerra. Con un libro puedes ser quien quieras y eso es pura magia.

Y tú, ¿quién has sido y donde has viajado últimamente?

¿Puedo jugar? (II)

―Buenos días papá ―Y abrazó a su padre con mucha efusividad―. Buenos días mamá ―dijo desde la distancia, sin apenas acercarse.

―Buenos días ―murmuró ella sin levantar la vista de su punto fijo.

Su padre lo alzó en alto y, cogiéndole en brazos, se dirigieron a la cocina a prepararse el desayuno. Le dejaron un vaso de leche y una tostada preparada a mamá. Posiblemente se lo tomaría frío o acabaría en la basura. Quién sabe.

En la habitación, y tras mucho meditar, el niño se armó de valor y lanzó una bomba a su padre.

―Papá, cuando mi hermanito se fue al cielo, ¿se llevó también a mamá?

Él se quedó helado, no sabía qué responder y tuvo que meditar mucho la respuesta. Mientras, en la otra parte de la casa, comenzaron a brotar las lágrimas que salieron de los ojos hasta acabar sobre el pantalón del pijama. 

―No cariño, mamá está aquí. ―comenzó a explicar su padre.

―Sí papá, ya la veo, pero ya no se ríe, ya no me cuenta cuentos, ya no bailamos, ya no jugamos,… es como si no estuviera aunque la veo ―interrumpió el niño.

Su padre notaba como su corazón y su estómago se encogían. Le dolía. Él también había sufrido, también sufría, pero se guardó las lágrimas y la tristeza para sus momentos de soledad. Se armó de valor para explicarle a su hijo de cuatro años dónde estaba su mamá.

―Cariño, mamá está triste y tenemos que esperar a que se recupere.

―La echo mucho de menos. ―dijo el pequeño.

―Yo también, cariño, yo también. ―añadió él abrazando a su hijo.

Ella, en el salón, cerró los ojos pero no pudo evitar que las lágrimas siguieran brotando de sus ojos. Respiró profundamente, levantó la vista de nuevo. Se vio reflejada en un espejo que había colgado en una de las paredes y no se encontró. Aquello que reflejaba era una mujer demacrada, agotada y triste. Ella no era así, al menos no lo era antes. Se miró las manos, y con esa piel áspera y abandonada comenzó a tocarse la cara. Comenzó por los pómulos y bajó hacia la boca. Cerró los ojos y se limpió los restos de lágrimas que quedaban alrededor. Se acarició el pelo descuidado y enredado e intentó pasar los dedos a través de él. Se miró la ropa. Un mismo pijama le había acompañado los últimos tres meses. Ni siquiera se había preocupado en cambiarlo. Observó a su alrededor y vio algunas fotos de los tres. Estaban felices, sonriendo y no importaba nada más que ellos.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se dirigió al cuarto de baño, se desvistió y se metió en la ducha. La sensación del agua cayendo sobre su cuerpo le devolvió al presente, aquí y ahora. 

Se miró de nuevo al espejo. Las oscuras ojeras seguían ahí, pero sabía que le iban a acompañar una larga temporada más. Su pelo estaba suave al igual que su piel, que desprendía un brillo diferente. Le costaba mostrar su sonrisa, pero iba a intentarlo. Y cuando estuvo preparada, se dirigió a la habitación de su hijo. Los vio a los dos sentados en el suelo rodeados de juguetes. No se habían percatado de que estaba allí. Ella se apoyó sobre el quicio de la puerta y les observó durante un corto periodo de tiempo mientras mantenía una lucha interna entre quedarse donde estaba o volver al sillón donde pasaba todo el día. Finalmente, se armó de valor y preguntó:

―¿Puedo jugar? 

¿Puedo jugar? (I)

Abrió los ojos. Todavía era de noche. El cuerpo le pesaba en exceso, como cada día. Se movió como pudo y alargó el brazo para alcanzar su teléfono móvil. Tocó la pantalla hasta que se iluminó y pudo comprobar que eran las 5:23. «Vaya» pensó «hoy he dormido más de 4 horas seguidas». Todo un logro para ella, aunque no fuera consciente de ello. Hacía meses que arrastraba serios problemas para conciliar el sueño y ni las pastillas le ayudaban. El cansancio se iba acumulando poco a poco en su cuerpo e iba robando espacio a la tristeza.

Se incorporó muy lentamente hasta que consiguió ponerse en pie y fue directa al baño. Al observar su reflejo en el espejo observó las densas ojeras, cada vez más oscuras que iban pintando su cara como un lienzo. Se lavó la cara con agua muy fría. A pesar del invierno, no había perdido esa costumbre. Era la única manera de devolverla a la tierra, aunque hacía algunos meses que su alma había huido y la había dejado de cuerpo presente. 

Fue a la cocina, abrió uno de los armarios hasta encontrar sus pastillas. Se tomó una que empujó hacia el estómago con un vaso de agua. Sin encender ninguna luz, se sentó en el sofá situado junto a una ventana y observó el cielo hasta que comenzaron a distinguirse los primeros rayos de sol. Poco a poco el salón comenzó a iluminarse y eso indicaba la llegada de un nuevo día. Uno más. Uno menos. Según como se mire. No se había movido de esa posición cuando comenzó a escuchar ruidos en su habitación. Sin embargo, ella no alteró su postura, continuó observado ese punto fijo que había elegido y que en ocasiones le impedía pestañear. Escuchó una voz cercana:

―Buenos días cariño, ¿a qué hora te has despertado hoy?

―A las 5:30 ―Ella ni siquiera le miró. 

―Bueno, has dormido algo más de 4 horas. Vamos mejorando ―dijo él muy positivo.

―Sí.

―Igual las pastillas están comenzando a hacer efecto.

―Sí.

En ese momento, un tercer inquilino hizo acto de presencia en el salón.

(Continúa…)

#NOFICCIÓN2021 -3- El camino del poeta

Desde hace algunos años suelo alternar la lectura y escritura de ficción con la poesía. En cierto modo me libera y deja fluir mis emociones. Un día, buscando libros sobre escritura di con este libro y me llamó la atención. Es cierto que mi poesía es verso libre, y no sigo ninguna norma establecida. Es por ello por lo que quise indagar un poco más e intentar formarme para mejorar mis escritos.

Es un libro relativamente corto pero muy intenso. Es decir, trata de una forma muy resumida todo lo que envuelve a la escritura de poesía. No profundiza en nada en particular pero va dando pinceladas en cuanto a la rima, el ritmo, el formato…

Ofrece ejemplos de poesías de grandes escritores para ayudar a entender el contenido.

Creo que como primera aproximación está bien. Sin embargo, me han faltado muchos ejemplos. Hay páginas enteras explicando conceptos sin ningún tipo de referencia para comprenderlo. Además, muchos de los ejemplos que se ofrecen son poemas completos, de varias estrofas y no se explica cual de los versos o sílabas hace referencia al concepto citado.

En mi opinión, creo que se ha intentado abarcar demasiado contenido en un libro de menos de 300 páginas dejando, al final, un cúmulo de conceptos en la mente que hay que ordenar. Es un texto para leer y releer. Para poner en práctica a ser posible con un experto al lado.

A pesar de ello, me ha servido como manera para darle un poco de forma a los poemas que escribo, ser consciente de algunos formatos e intentar darle ritmo a los versos y estrofas. Como digo, es un libro que recomendaría a modo de iniciación.

Humedades en la cocina

Dejé algunas bolsas en el suelo y llamé al timbre. Mientras revisaba el parte de daños del inmueble me abrieron la puerta. Una preciosa morena de ojos verdes apareció ante mi. Llevaba una bata de seda blanca que le llegaba hasta la mitad de las piernas. Me quedé paralizado sin saber qué decir.

―¿Eres el chico del seguro? Ya era hora, hace más de un mes que os estoy esperando. Anda pasa.

Empecé a recoger todos los trastos y torpemente entré en su casa. Me guio hasta la cocina donde supuestamente estaban los daños causados por las últimas lluvias. Mientras preparaba todo el material ella abrió la nevera y sacó un yogur. Metió la cuchara en su interior y se la llevó a la boca sin dejar de mirarme. El pantalón comenzaba a apretarme, tenía que centrarme en mi trabajo.

―Es ahí ―dijo mientras señalaba las humedades. Ese ligero movimiento de brazos provocó que se abriera la bata dejando al descubierto una milésima parte de un conjunto de lencería con encaje―. El vecino se dejó el sumidero cerrado y el agua de su terraza se filtró a la mía.

En lugar de levantar la cabeza hacia el techo siguiendo su mano, la miré a ella, de arriba a abajo. Ella sonrió al tiempo que volvía a meterse una cucharada de yogur en la boca mientras la lamía con una sensualidad que dolía. Comenzaba a sudar y ella no dejaba de mirarme. Se acercó hacia mí y me ofreció un vaso de agua rozándome la mano intencionadamente.

―Si tienes calor, puedes quitarte la camiseta, no me voy a asustar ―me susurró sin quitarme los ojos de encima.

―Tú también puedes quitarte la bata si tienes calor, tampoco me voy a asustar ―me sorprendió el comentario que hice y al momento me arrepentí. Iba a disculparme cuando la chica dejó caer la bata al suelo. Esto no podía ser real.

―Te toca.

Y me quité la camiseta tan rápido como pude. Ella se acercó a mí y deslizó su mano por mi abdomen. Yo la seguía, hasta que se detuvo al inicio del pantalón, que aún tenía puesto. La miré a los ojos, le dí la vuelta rápidamente poniéndola de espaldas a mí, y puse sus manos sobre la encimera. Rocé mi pantalón abultado por su cuerpo al tiempo que metía mis manos en sus minúsculas braguitas. Estaba muy húmeda y eso me excitó tanto que sin pensarlo metí dos de mis dedos en su interior. Ella gemía y yo cada vez estaba más cachondo. Le besaba el cuello y apretaba mi erección contra su culo mientras la follaba con mis dedos. Ella cada vez gritaba más. Sabía que se correría pronto y eso aún me excitaba más. Cada vez iba más rápido hasta que noté como sus músculos se contraían. Se giró sonriendo y me miró a la cara.

―Si lo haces todo tan bien, mi casa quedará como nueva. A trabajar.

#NOFICCIÓN2021 -2- DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR

Posiblemente muchos se llevarán las manos a la cabeza con la siguiente confesión. No he leído ninguna novela de Murakami. Ale, ya lo he dicho.

Este libro llegó a mis manos de casualidad. Un día estuve buscando libros sobre el arte de escribir. Tanto de ayuda a la planificación de una novela o estructurar textos, como de los puntos de vista y experiencias de escritores ya consagrados. Entonces encontré este, que me llamó mucho la atención, y lo compré.

Leerlo es una delicia. Está escrito con un lenguaje muy ameno y está estructurado en capítulos donde se tratan temas como la gestión del tiempo, la creación de personajes o la vida del escritor. Todo desde la mirada y las propias vivencias de Murakami.

Para mí, ha sido muy enriquecedor leer este libro de no ficción y tras esto, he sentido las enormes ganas de leer una de las muchas novelas de este autor japonés. ¿Alguna recomendación?

37 días

Querido amor,

Hago balance de mis días sin ti. Rozo con la yema de mis dedos las heridas que me dejaste en el alma hace ya 37 días. Y las acaricio con dulzura y cierta melancolía mientras echo de menos el sonido de tu respiración acompasando la mía.

Éramos una pareja indivisible, un único ser separado en dos corazones unidos por un hilo rojo invisible. Y hace 37 días decidiste cortarlo, provocando una sangría en mi cuerpo dejándome malherida. Poco importaron mis llantos, ni mis súplicas para que te quedaras a mi lado, la tormenta había estallado y la única que se estaba empapando era yo.

Cuando cerraste la puerta provocaste un auténtico terremoto dentro de mí. Grité y lloré. Te odié y te amé. Y a pesar de eso, he estado esperándote en nuestra casa. Paciente. Cada día he ensayado frente al espejo esa media sonrisa que tanto te gustaba de mí. Me decías que te volvía loco, que te excitaba. Que cuando te sonreía de esa manera yo era tu dueña.  Me he sentido ridícula en muchas ocasiones pero quería que fuera perfecto. Pero de tanto forzar he perdido mi esencia, ya no sé sonreír. No de esa manera.

He escrito mentalmente cada una de las palabras que te diría en el momento de que llamaras a la puerta. Me convertí en guionista de una vida inventada que yo misma había creído real. Pero es que… ¡Quería decirte tantas cosas! Y ahora mismo no recuerdo ninguna de esas frases que me rompieron en dos mientras las escribía con la sangre de mis heridas.

Cada noche he preparado cada una de tus comidas favoritas y la acompañaba con una botella de vino que terminaba bebiendo sola en el suelo del salón. Nuestro salón, ese que tantas veces nos vio desnudos y riendo, ahora me ha visto sola y borracha durante 37 largas noches. Nuestro salón me ha visto arrastrarme por la alfombra, con la máscara de pestañas corrida y los ojos vacíos de lágrimas. 

Me he preguntado cada uno de estos 37 días qué nos pasó. Qué sucedió para que decidieras no apostar por nosotros. Qué sucedió para que rompieras en pedazos cada una de las promesas que nos hicimos. Nos queríamos. Al menos yo sí te quise. Yo sí te quiero. Sí, aún te quiero. Pero no de la misma manera. Estos 37 días con sus 37 noches me han servido para vaciarme por dentro. Para buscarme entre la tristeza en la que me sumergí tras tu partida. Estaba perdida. Perdida sin ti. 

He comenzado a desnudar las paredes de recuerdos, a recoger nuestras fotos y a guardar los buenos momentos que algún día pertenecerán a un pasado feliz. Me encontré, cariño. Sí, estaba sola sin ti y por fin me encontré. 

Hoy comienzan a cicatrizar esas heridas que me dejaste. Y créeme que, aunque a veces me duelan, aunque a veces sangren, sé que con el tiempo formarán parte de mi.

Cuídate, mi amor.