Mi primavera

Cógeme la mano, cariño

Y borremos juntos los inviernos

Los días cortos

Y las noches frías

Lléname la vida de flores

Y que todos esos colores

Me devuelvan de una vez

Mi primavera.

Palabras amontonadas

Hace tiempo que no escribo. Bastante tiempo, la verdad. No entiendo qué me pasa. Las palabras se amontonan en mi cabeza, están todas juntas y no sé darles un orden correcto. No sé darles sentido y unirlas para que fluyan solas creando historias. Esas historias que a veces son mías, pero otras son también tuyas, aunque no lo sepas. Otras veces son inventadas, aparecen solas de repente y yo les doy forma como un alfarero haría con el torno y la arcilla. 

Pero hace tiempo que mi torno está apagado. No gira. Y no encuentro la manera de hacerlo funcionar. O quizá sí, pero no quiero. Un día me siento escritora, otros en cambio me pregunto, qué es lo que estoy haciendo. Leo y releo mis propias palabras y pienso porque tengo esta afición tan frustrante y a la vez tan maravillosa. ¿Porque es una afición, no? ¿O soy escritora?

Salto al vacío

Coserse las alas repentinamente

porque el salto al vacío no avisa.

Dejarse la mochila de los miedos

olvidada en la cima.

Llenarse las manos de sueños.

Y lanzarse a la vida.

La nueva.

La buena.

Buenos días

Hay días en los que no me levanto. Mis piernas sí, flotan suavemente sobre el suelo frío de la habitación dirigiéndose lentamente hacia el cuarto de baño. Pero mi cerebro sigue en la cama, dormido junto al corazón. Abrazándose en posición fetal, haciendo la cucharita. Y se está tan bien… que maldigo al despertador por partir mi cuerpo en dos. Por dejar que mis pensamientos y mi alma descansen solos sobre un colchón. Por dejar que mi cuerpo camine como zombie por la casa. Hay días que sería preferible no despertarse. Quedarse durmiendo 48 o 72 horas tampoco debería suponer una penalización en el estatus de persona cuerda. Pero, ¿quién dijo que soy normal? Si vivo en un manicomio a las afueras de la ciudad.

Los domingos

Los domingos

Son para rozarnos los pies con la punta de los dedos

Son para cogernos de la mano mientras yo leo y tú duermes

Son para mirarnos mientras entra el sol por la ventana

Son para besarnos mientras pasan los minutos

Son para hacer el amor mientras pasan las horas

Los domingos

Son para nosotros.