El último café

Las costumbres adquiridas a lo largo de los años era difícil perderlas. O eso pensaba Gaspar, que siempre desayunaba un café con leche muy caliente acompañado de una tostada con queso mientras leía el periódico. Era metódico y cuadriculado y todo ello casaba perfectamente en su puesto de director financiero en una gran empresa.

Dejó de parpadear al tiempo que derramaba el café sobre sus pantalones. Ese titular le había dejado en shock.

Comenzó a abrir cajones y a sacar papeles. Rompía algunos, otros los reservaba. El teléfono sonó y respondió con brusquedad. 

-Sí, lo he visto. Nos largamos.

Colgó sin esperar respuesta. Una décima de segundo más tarde escuchó tres enérgicos golpes en la puerta. Dio un paso atrás cerciorándose de que había llegado el final. En ese momento, la puerta se vino abajo dejando entrar a un puñado de policías y guardias civiles.

-Está usted detenido.

Relato finalista al concurso Café Maurice (17). Léelos todos AQUÍ.

Buenos días

Hay días en los que no me levanto. Mis piernas sí, flotan suavemente sobre el suelo frío de la habitación dirigiéndose lentamente hacia el cuarto de baño. Pero mi cerebro sigue en la cama, dormido junto al corazón. Abrazándose en posición fetal, haciendo la cucharita. Y se está tan bien… que maldigo al despertador por partir mi cuerpo en dos. Por dejar que mis pensamientos y mi alma descansen solos sobre un colchón. Por dejar que mi cuerpo camine como zombie por la casa. Hay días que sería preferible no despertarse. Quedarse durmiendo 48 o 72 horas tampoco debería suponer una penalización en el estatus de persona cuerda. Pero, ¿quién dijo que soy normal? Si vivo en un manicomio a las afueras de la ciudad.

Imágenes imborrables

La autoridad Portuaria de Valencia pidió a los ciudadanos que enviásemos imágenes que representaran nuestra visión durante el confinamiento. De todas las recibidas han seleccionado 200 que ahora se exponen en el edificio del reloj del puerto de Valencia. De las elegidas, hay dos que son mías y estoy muy orgullosa de verlas colgadas de aquellas paredes.

Juego
Teletrabajo

La exposición estará vigente hasta el próximo 12 de Octubre. No te la pierdas, todas las fotos son parte de la historia que aún estamos escribiendo.

Visita la web

Catálogo de la exposición

Los domingos

Los domingos

Son para rozarnos los pies con la punta de los dedos

Son para cogernos de la mano mientras yo leo y tú duermes

Son para mirarnos mientras entra el sol por la ventana

Son para besarnos mientras pasan los minutos

Son para hacer el amor mientras pasan las horas

Los domingos

Son para nosotros.

Vuela

Hacía poco que había llegado del trabajo. Había sido un día duro y ahora consumía mis horas muertas frente al móvil. Instagram era adictivo. Ver fotos, leer los textos, las stories… Cuando quería darme cuenta ya era la hora de cenar y yo sentía que había desaprovechado la tarde. El teléfono fijo sonó y me devolvió a la realidad. Hacía tiempo que no escuchaba ese timbre tan peculiar y retro. De hecho, había olvidado cómo sonaba. Me levanté del sofá y fui corriendo a responder.

-Si, ¿diga?

Nadie contestó al otro lado. Aunque sabía perfectamente quién era, quería escuchar su voz. Volví a preguntar.

-¿Quién es?

Comencé a oír unos suspiros. Suaves, lentos, acompasados casi con mi respiración 

-¿Eres tú, verdad?

Nadie respondió. Solo se escuchaban esos suspiros, casi lamentos, que seguro iban acompañados de lágrimas.

-Escucha, no podemos seguir con esto. Esta situación tiene que terminar. Por el bien de los dos -dije con voz calmada. Serena. Comprensiva.

Sin embargo no recibí respuesta alguna. Me armé de valor y volví a hablar.

-La relación que teníamos no era sana, lo sabes ¿verdad? Nos hacíamos daño. Mucho. Te quiero, de verdad, y sé que tú a mi, pero a veces eso no es suficiente. Debemos aprender a soltar y desprendernos de las cosas valiosas que no nos aportan bienestar. Algún día encontrarás a alguien que llene el vacío que nos hemos dejado y cuando lo hagas, te coserás unas alas enormes para volar juntos. Se que es difícil de ver y más con el cuerpo lleno de rasguños, pero creeme que lo lograrás. Eres una persona maravillosa y si yo lo he visto  seguro que alguien lo ve también. Pero cariño, tienes que cerrar esa puerta. Tienes que dejar de llamarme. Eres fuerte, aunque ahora no lo veas. Lo lograrás, lo lograremos. Y en el futuro nos encontraremos por la calle, felices y diremos con una sonrisa ‘cuánto nos quisimos y que mal lo hicimos’.

Los suspiros dejaron de oírse. Ya solo podía escuchar el latido de mi corazón.

-Gracias. Te quiero.

Es lo único que dijo antes de colgar. Es lo último que escuché antes de soltar. Porque esa fue la última llamada. Por fin podíamos seguir nuestro camino, aunque fuera por sendas distintas.

Atardecer

Contemplar el atardecer siempre es un plan perfecto y aquí en la Albufera de Valencia gozamos de uno de los mejores atardeceres de España. El paso de los minutos hace que los colores vayan cambiando formando combinaciones absolutamente mágicas. Aquí te dejo algunas de las fotos que hice la semana pasada.