Locura transitoria

Ese momento de soledad

Cuando escuchas LA canción

Esa que hace que el mundo se pare

Pero tu mundo se ponga patas arriba

Esa que hace que te olvides de TODO

Y no pienses en NADA

Esa que hace que tu corazón se acelere

Y los pies te duelan al saltar

Y la garganta te duela de gritar

Porque a veces es bueno volverse loco

Sin que nadie nos vea

Porque ese estado de locura transitoria

Hace que estemos cuerdos el resto del día

Influencer

Llevaba horas preparando las maletas. Viajaba a París por trabajo y tenía que cuidar minuciosamente su imagen. Le esperaba una semana repleta de eventos, desfiles de moda y varios photoshoots promocionales. Cualquier adolescente estaría encantada de ponerse en su lugar. Era una privilegiada, o eso pensaba el resto de la sociedad. Pero su profesión no le permitía queja alguna. Nadie imagina lo difícil que es mostrar el lado bonito de la vida cuando estás rota por dentro. Se situó frente al espejo vestida con un look muy casual acompañada de su equipaje y se hizo un selfie. Tras un pequeño retoque, la subió a instagram junto con un buen puñado de hashtags. Los likes y comentarios no cesaron. Uno le llamó especialmente la atención: ‘Qué suerte tienes, ojalá fuera tú’. Ella respondió: ‘No es oro todo lo que reluce’. Acto seguido un aluvión de críticas sacudieron su teléfono y su cuerpo. Lloró. Lloró muchísimo. Cuando estuvo vacía de lágrimas, cogió el móvil, eligió un filtro que le borrara las penas que colgaban de su rostro y se hizo una nueva foto. Esta vez la subió a su instagram stories con el texto ‘París, espérame que voy’.

Primera persona del plural

Quisimos hacer magia de nuestros besos

y conjugamos nuestros versos

en pasado perfecto.

Abrazamos la vida siguiendo el camino

y conjugamos nuestros cuerpos

en presente continuo.

Miramos las estrellas cogidos de la mano

y conjugamos nuestros sueños

en futuro incierto.

En primera persona del plural.

Cliente insatisfecho

Permanecía inmóvil en aquella incómoda silla, a pesar de la sangre que le caía a través de la comisura de los labios. Esos labios carnosos que hacía apenas unas horas estaban trabajando. Recibió un nuevo golpe, esta vez en el costado. Quizá ya tenía un hueso roto. Ella sin embargo no emitía ningún sonido, ninguna queja, nada. Solo permanecía a la espera del siguiente. ¿Cuál había sido su pecado? La insatisfacción de un cliente. Eso había provocado el enfado del Jeque y decidiera darle una paliza para escarmentarla. No era la primera vez que la castigaba, pero quizá fuera la última y eso la llenaba de felicidad. Tras una fuerte embestida en el oído derecho levantó la vista. Sus miradas se cruzaron por primera vez. Ella escupió sangre, él se crujió los dedos uno a uno. Se estaba preparando, ambos lo sabían. Ella le sonrió dejando a la vista sus dientes rojos. El Jeque levantó su mano derecha y la golpeó con tal violencia que le hizo caer al suelo. La levantó y la volvió a colocar en su posición inicial. Esta vez fue él quien sonrió mostrando su colección de dientes de oro. Se preparó para el golpe final.

Mi primavera

Cógeme la mano, cariño

Y borremos juntos los inviernos

Los días cortos

Y las noches frías

Lléname la vida de flores

Y que todos esos colores

Me devuelvan de una vez

Mi primavera.

Palabras amontonadas

Hace tiempo que no escribo. Bastante tiempo, la verdad. No entiendo qué me pasa. Las palabras se amontonan en mi cabeza, están todas juntas y no sé darles un orden correcto. No sé darles sentido y unirlas para que fluyan solas creando historias. Esas historias que a veces son mías, pero otras son también tuyas, aunque no lo sepas. Otras veces son inventadas, aparecen solas de repente y yo les doy forma como un alfarero haría con el torno y la arcilla. 

Pero hace tiempo que mi torno está apagado. No gira. Y no encuentro la manera de hacerlo funcionar. O quizá sí, pero no quiero. Un día me siento escritora, otros en cambio me pregunto, qué es lo que estoy haciendo. Leo y releo mis propias palabras y pienso porque tengo esta afición tan frustrante y a la vez tan maravillosa. ¿Porque es una afición, no? ¿O soy escritora?

Salto al vacío

Coserse las alas repentinamente

porque el salto al vacío no avisa.

Dejarse la mochila de los miedos

olvidada en la cima.

Llenarse las manos de sueños.

Y lanzarse a la vida.

La nueva.

La buena.