Y fueron mis labios carmín
los que quedaron marcados
en esa copa de vino
con la que brindamos por nosotros.
Que aunque los rayos de sol
no atraviesen nuestras ventanas,
tampoco se está tan mal
con nuestros pies entrelazados
bajo una manta.
Y fueron mis labios carmín
los que quedaron marcados
en esa copa de vino
con la que brindamos por nosotros.
Que aunque los rayos de sol
no atraviesen nuestras ventanas,
tampoco se está tan mal
con nuestros pies entrelazados
bajo una manta.
Hace tiempo que no escribo. Bastante tiempo, la verdad. No entiendo qué me pasa. Las palabras se amontonan en mi cabeza, están todas juntas y no sé darles un orden correcto. No sé darles sentido y unirlas para que fluyan solas creando historias. Esas historias que a veces son mías, pero otras son también tuyas, aunque no lo sepas. Otras veces son inventadas, aparecen solas de repente y yo les doy forma como un alfarero haría con el torno y la arcilla.
Pero hace tiempo que mi torno está apagado. No gira. Y no encuentro la manera de hacerlo funcionar. O quizá sí, pero no quiero. Un día me siento escritora, otros en cambio me pregunto, qué es lo que estoy haciendo. Leo y releo mis propias palabras y pienso porque tengo esta afición tan frustrante y a la vez tan maravillosa. ¿Porque es una afición, no? ¿O soy escritora?
Coserse las alas repentinamente
porque el salto al vacío no avisa.
Dejarse la mochila de los miedos
olvidada en la cima.
Llenarse las manos de sueños.
Y lanzarse a la vida.
La nueva.
La buena.

Siguiendo con el reportaje de fotografías de Campanar, aquí os dejo la segunda parte.






Hoy estoy fuera de cobertura
El modo avión se queda corto
Hoy ni el heavy metal funciona
Ni subir el volumen
Hasta quemar los auriculares
Hoy no
Hoy he apagado el cerebro
Y he regado mi alma
Con gotitas de tristeza
Y toneladas de rabia
La única cura, el silencio
Ese que suena tan alto
Que hace estallar los oídos
Y adormece el cuerpo
Hasta conseguir arrancar
Esa hoja del calendario.
Un día más
Un día menos
Según el lado de la luna al que mires.
Qué miedo da
saltar de un tren en marcha
para coger otro
sin billete de vuelta.
Bienvenidx a la estación central de tu vida.
Ponte comodx.
Y elige destino.
Campanar es un barrio situado a las afueras de Valencia. Antiguo pueblo que aún conserva su plaza, sus casas, sus comercios y su esencia. Y todo eso he intentado plasmarlo en esta serie de fotos. Este es Campanar, mi barrio.







Fuimos (per)versos
cuando nuestras miradas
se cruzaron en la distancia.
Y aunque nuestros cuerpos
quedaron estancos
en nuestro (uni)verso,
nuestras pieles lanzaron fuego
pidiendo a gritos ser apagadas
con el roce de nuestros labios
Y sin embargo,
recogimos nuestros mundos
y seguimos el camino
Por sendas opuestas.