Conversaciones en el ascensor (I)

Una gran bolsa llena de plástico y cartón descansaba sobre el suelo de la cocina. Había estado acumulando los envases durante días y no veía el momento de llevarlos al contenedor del reciclaje. Eran las dos de la mañana de un miércoles y decidí que, tras horas frente al ordenador, era una buena oportunidad para bajar y así, de paso, airearme un rato.

Me miré al espejo. Parecía una pordiosera sacada de un basurero. Pantalones de chándal, zapatillas de estar por casa y sudadera de Cobi 92. ¿De verdad iba a cambiarme para 2 minutos? Por supuesto que no. Cogí las llaves de casa y me fui. Por suerte el ascensor estaba en mi piso y no tuve que esperar nada. Pulsé el cero y el ascensor comenzó a descender. Me miré al espejo. ‘¡Dios, como alguien me vea! ¡Esto no tiene perdón!’ Y de repente el ascensor se detuvo en el cuarto. ‘¡Joder!’ Fue lo primero que pensé mientras echaba unos pasos hacia atrás, quería desaparecer. Las puertas se abrieron y apareció EL VECINO. ‘¡¡LA HOSTIA PUTA!! ¿Esto es real?’ Llevaba unos vaqueros algo ceñidos con botas moteras, su chupa de cuero y el pelo despeinado a juego con su barba de tres días. Y yo… ¡YO ME QUERÍA LARGAR DE ALLÍ! El entró con la cabeza gacha mirando su móvil. ‘Igual tengo suerte y no levanta la vista’. Se giró para meter la llave y pulsar el botón del semisótano. Mirando su móvil, se dio la vuelta y me observó disimuladamente. Vi que sonreía mientras guardaba su móvil en el bolsillo. 

-Bonita sudadera, ¿es nueva?

Un calor inmenso me recorrió el cuerpo mientras él me escaneaba de arriba a abajo sin cortarse un pelo.

-Tu que eres, ¿el gracioso del edificio? – Le dije muy molesta. ¿Cómo tenía la vergüenza de burlarse de mí?

-Y tu debes ser la influencer, me encanta tu look vintage. -Su sonrisa seguía en su rostro. Dios, ¿cómo podía estar tan bueno?

-No querrás que me ponga los tacones para tirar la basura, ¿no? – Estaba indignada, cachonda pero indignadísima. ¿En serio se estaba riendo de mi?

-Pues unos tacones con la sudadera de Cobi no se si funcionarían tanto como esas pantuflas rosas que llevas.

Me miré los pies y ahí estaban. Mis zapatillas de estar por casa fucsia, con una borla en diferentes tonos de morado y rosa palo. ¿Qué me costaba ponerme mis nike? Levanté la vista y le vi observándome mientras su sonrisa seguía impresa en su maravillosa y perfecta cara.

¿Por qué este puto ascensor era tan lento? ¿Cuánto tiene llevaba ahí dentro, 3 horas? ¿Y por qué cada uno de sus comentarios me provocaba esos calores?

-Mira, además de gracioso, estilista. ¿alguna profesión más tiene el señor?

-Eso te lo contaré una tarde mientras nos tomamos unos vinos. -Su propuesta me dejó en shock. ¿En serio estaba ligando conmigo? ¿Vestida de Cobi 92? 

El ascensor se detuvo en el momento justo. Las puertas se abrieron y él salió para dejarme paso. 

-Bueno, ¿qué me dices? – Me insistió. Yo ya me había alejado un par de pasos.

-Antes de quedar con nadie acostumbro a preguntar el nombre. 

-Soy Fran, vivo en el cuarto. -Me dijo mientras ponía el pie en la puerta del ascensor para evitar que se cerrara. ¿Y tú eres…?

-Te lo diré una tarde mientras nos tomamos unos vinos. – Repetí su frase mientras sonreía y me alejaba. No vi cuando se iba pero se que estuvo mirándome hasta que desaparecí en la distancia. Bajé la mirada, vi a Cobi, le acaricié y le susurré: ‘¡Ay! Por culpa de Marie Kondo estuve a punto de tirarte a la basura. Siempre serás mi sudadera favorita’.

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